Julio Sampalo

01 febrero 2018

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La fête des crêpes o la deliciosa invasión bretona

La fête des crêpes o la deliciosa invasión bretona

Francia vive cada dos de febrero una deliciosa invasión con forma de crêpe proveniente de la Bretaña. Carmen Olaya, profesora de LCDF y originaria de esa región francesa , nos cuenta cómo vive ella la tradicional celebración de La Chandeleur.

“El primer recuerdo que tengo de la fiesta de La Chandeleur es el de mi madre preparando litros y litros de ‘Pâte à crêpe’ (Masa para hacer crêpes) durante horas. Yo tendría unos ocho años”. Carmen Olaya, profesora de La Casa del Francés y originaria de la Bretaña -cuna de este conocido plato de la gastronomía gala- vive con especial intensidad cada dos de febrero la ‘Fête des crêpes’ o ‘La Chandeleur’.

Esta celebración con trasfondo religioso se ha convertido con los años en una jornada para el encuentro con la familia y amigos con la excusa de degustar las miles de variedades de dicha delicatessen y desear felicidad y prosperidad. La única condición es que “todo el mundo tiene que preparar crêpes sin excepción, cualquiera que sea su variedad y todos o casi todos los días de esa semana”, explica Olaya.

Aunque se debe ser habilidoso. La tradición manda sostener en la mano una moneda mientras con la otra se lanza el crêpe para darle la vuelta en la plancha redonda o ‘bilic’. “Soy una experta -bromea Olaya- aunque es habitual que el primer crêpe termine en el suelo. A ese lo llamanos ‘le crêpe au chien'”, ríe.

Dulces o salados y grandes o pequeños, lo cierto es que los crêpes se han convertido en uno de los emblemas culinarios de Francia en el mundo o “como se puede leer en internet: una invasión bretona para que toda Francia lo coma durante La Chandeleur“, explica con humor la profesora.

Carmen Olaya.

Carmen Olaya.

Sin duda, una invasión como poco deliciosa aunque Olaya destaca que como rasgo distintivo en su tierra es más habitual “comer crêpes salados, con masa de trigo sarraceno, mientras que en el resto del país se prefiere el dulce, hecho con harina normal”. Reconoce, también, que le pierde el “crêpe con frambuesa, helado de vainilla, chocolate blanco y nata montada”, una auténtica exquisitez. “Ese es el que más me gusta y el que lleva salchicha el que menos. Al final prima la imaginación en la preparación”, dice, y por esta razón ya está lista para ofrecer estos días montones de crêpes para sus alumnos de La Casa del Francés. “Ellos me lo piden y el dos de febrero viviremos en la academia la jornada de La Chandeleur donde todos están invitados, alumnos y no alumnos”, asegura.

Como curiosidad sobre la celebración de La Chandeleur en España, país en el que lleva viviendo desde hace años, la profesora recuerda su estancia como auxiliar de conversación en Menorca. “Tuve un grupo de alumnos que querían financiar un viaje vendiendo sus postres y llegamos a preparar 2.500 crêpes”.  Su implicación como docente abarca todos los ámbitos, definitivamente.

Queda también un hueco para la nostalgia. “Lo que más extraño en La Chandeleur es la mantequilla bretona para preparar los crêpes, más salada que la mantequilla salada que se vende en España, junto al caramelo de mantequilla salada. Y la familia, por supuesto”.

¡Se nos hace la boca agua oyéndola hablar!

Conoce un poco más sobre La Chandeleur aquí.

 

 

 

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